Las prohibiciones fomentan la creatividad
Entre
las normativas cada vez más estrictas de la UE y la creciente presión
por innovar, la planta de PCH en Leverkusen se mantiene firme gracias a
sus retardantes de llama a base de fósforo. Para el director de planta
Ralph Armbrust, de la unidad de negocios Polymer Additives, esto supone
un estímulo: «Siempre tenemos que estar creando cosas nuevas, y eso es
precisamente lo que nos impulsa».
Un
vistazo a la pantalla, un movimiento rápido, un nuevo ajuste. Luego se
sigue adelante. Los empleados de la planta de PCH en Leverkusen
controlan sus instalaciones como la palma de la mano. Muchas cosas se
hacen de forma automatizada, pero las personas siguen siendo
imprescindibles. Temperaturas, presión, composición… la mínima
desviación puede ser decisiva. La rutina y, principalmente, la
experiencia son factores importantes al evaluarlo todo, pero también hay
muchas cosas que van cambiando.
«En general, las condiciones se
han vuelto mucho más difíciles», afirma el director de planta, Ralph
Armbrust. «En el momento álgido de la guerra de Ucrania, los precios de
la energía se cuadruplicaron en un abrir y cerrar de ojos y, antes de la
guerra de Irán, alcanzaron aproximadamente el doble». A esto hay que
sumar el aumento de los costes de las materias primas y una cartera de
pedidos que no cumple las expectativas, como consecuencia de una
situación mundial tensa y de las alteraciones geopolíticas. Sin embargo,
la planta funciona a un nivel de capacidad considerable. «Eso es así
también gracias a nuestra excelente política de compras», afirma
Armbrust.
Experiencia práctica
Al recorrer el recinto,
se percibe que cada uno de estos procesos es fruto de décadas de
experiencia técnica. Desde la materia prima hasta el producto final,
todo se lleva a cabo «in situ». «Se nos da muy bien la integración
inversa», afirma Armbrust. Aunque pueda sonar muy técnico, en la
producción es algo palpable. Una larga cascada de reactores de color
naranja se extiende a lo largo de la nave. En su trayectoria
descendente, los materiales se combinan, se procesan y se perfeccionan
en condiciones estrictamente controladas. Al final, tras varias etapas,
el producto sale de la columna principal. En esta planta se producen
retardantes de llama aromáticos, como por ejemplo Disflamoll® TKP.
Los costes son decisivos
Sin
embargo, los requisitos están cambiando, sobre todo debido a unas
normas legales cada vez más estrictas. En efecto, un superventas desde
hace muchos años como Levagard® PP se vio sometido a presiones
normativas por el Reglamento REACH, ya que se sospecha que el producto
es cancerígeno. En consecuencia, había que desarrollar una alternativa.
«Crear
nuevos productos forma parte del día a día de nuestros departamentos de
investigación y de ingeniería de aplicaciones», explica Armbrust. Junto
con su adjunto, Lukas Omann, y el ingeniero de área Christoph
Kolanoski, analizan y profundizan en las ideas para implementarlas en la
empresa, pero no todo depende solo de la propia idea. «A menudo, lo
decisivo es que la implementación sea rentable», afirma Armbrust. «En
realidad, siempre», añade Omann.
Con Levagard® 3000, ahora se
dispone de una alternativa a Levagard® PP. Está considerado como un
producto inocuo, pero su fabricación es más laboriosa. Actualmente,
Levagard® 3000 se está ensayando en una nueva instalación piloto. El
objetivo es reducir significativamente los costes de inversión para la
producción en serie.
El producto actual sigue en marcha
simultáneamente. «Pero es solo cuestión de tiempo que los clientes
empiecen a preguntar por alternativas», explica Armbrust. «Estamos
preparados para ello».
Dura competencia
Además de los
requisitos normativos, la competencia internacional también ejerce
presión. «Pero nos estamos defendiendo», afirma Armbrust. Levagard® PP
fue uno de los primeros productos para los que LANXESS inició un
procedimiento «antidumping» en Bruselas que, además, ganó. El motivo
fueron los precios de los competidores extranjeros, que eran inferiores a
los propios costes de fabricación. «Ahora trabajamos a plena capacidad
en esta línea de producción», afirma Armbrust.
Estos
procedimientos son largos y complejos, y consumen muchos recursos.
«Pero, en el caso de Levagard® PP, todo ha merecido la pena», afirma el
director de planta.
Mirando al futuro
Armbrust tiene
claro que la demanda de retardantes de llama se va a mantener.
Contribuyen a ralentizar los incendios y proporcionan unos minutos muy
valiosos a las personas que están en peligro.
Está convencido de
que los productos de Leverkusen van a seguir teniendo una gran demanda
mientras haya que mejorar la seguridad de los materiales de la
construcción, la industria o la movilidad eléctrica. Y concluye: «Es
cierto que las crisis nos ponen bajo presión, pero también nos hacen
mejorar».