Del laboratorio a la planta
¿Quién
hace avanzar a nuestra empresa? Por ejemplo, personas como la ingeniera
de procesos Roberta Montana. Trabaja para la unidad de negocios LAB en
la planta de producción de Latina (Italia). El año pasado, ella y su
equipo consiguieron utilizar también en su planta un catalizador probado
por el equipo de Global Process Development en Elmira (Canadá). Esto
permitió acelerar los procesos y producir
mayores cantidades del producto final Naugalube® 438 L. En esta entrevista,
Montana explica las dificultades que entraña el paso del laboratorio a la planta.
Sra. Montana, ¿resulta difícil trasladar un ensayo de laboratorio satisfactorio a una planta a gran escala?
Roberta Montana:
Es un proceso bastante complejo. Sabíamos que el nuevo catalizador para
el producto final Naugalube® 438 L presenta una mayor actividad, porque
lo habíamos probado en nuestra planta en el año 2023. Queríamos saber
si funcionaba tan bien como el antiguo con unos volúmenes de producción
tan elevados. Cuando tienes entre manos un pedido millonario, es
imprescindible tener esa información de antemano, ya que procuras evitar
hasta el más mínimo riesgo. El catalizador cumplía estos criterios y,
al principio, estábamos satisfechos con el resultado. Sin embargo, aún
no habíamos aprovechado todo el potencial del nuevo catalizador. Su
mayor actividad acortaba el tiempo del proceso y, para aprovechar esa
ventaja, tendríamos que haber cambiado todo nuestro proceso. En su
momento no lo hicimos porque el proceso funcionaba perfectamente y
ofrecía un producto de alta calidad. Además, la demanda no era tan alta
en 2023.
¿Por qué lo hicieron poco después?
Teníamos
que producir cantidades muy elevadas, así que realmente necesitábamos
ahorrar tiempo. Para aprovechar todo el potencial, hubo que hacer
numerosos ajustes de la fórmula en el proceso global, puesto que no
sirve de nada acelerar solo un paso. Hablamos de procesos químicos que
dependen unos de otros. Si se acelera un subproceso por sí solo, es
posible que no se refleje para nada en el tiempo total que dura el
proceso. Todos los pasos parciales de la producción deben estar
permanentemente sincronizados.
¿Podría explicarlo con más detalle?
Nuestro
proceso consta básicamente de tres pasos: en el primero de ellos, la
amina aromática se alquila con tripropileno, es decir, se provoca la
reacción química entre la amina y el tripropileno mediante un
catalizador. En el segundo paso, hay que eliminar el catalizador, y para
ello se filtra. En el tercero, se destila el tripropileno sobrante.
Para aprovechar todo el potencial de la reacción más rápida del primer paso, tuvimos que optimizar también los demás.
¿Cómo lo hicieron exactamente?
Para
ello, analizamos a fondo cada uno de los pasos del proceso: ¿qué es
realmente necesario? ¿Qué cosas podemos acortar o hacer en paralelo? Por
otra parte, el año pasado no nos podíamos permitir una interrupción de
la producción para hacer pruebas o reconversiones. En cualquier caso,
teníamos que fabricar un producto que cumpliera las especificaciones.
Eso era lo prioritario para el cliente. Por lo tanto, incorporamos
nuestras ideas al proceso ya existente de la forma más minuciosa posible
a fin de optimizarlo. Cada cambio se planificó con mucho cuidado, y los
efectos se supervisaron de cerca. Esto supuso un gran esfuerzo, también
para los compañeros del control de calidad.
¿Y sirvió de algo?
Por
supuesto, al final logramos producir una cantidad mucho mayor con una
alta calidad, aunque, dadas las condiciones descritas, tardamos un
tiempo en dar con la nueva fórmula perfecta para obtener la máxima
productividad. El procedimiento fue muy minucioso.
Sería
demasiado extenso enumerar ahora cada uno de nuestros pasos, pero he
aquí algunos ejemplos: nuestra planta está muy automatizada, por lo que
hubo que reprogramar y adaptar cada cambio. Los pasos que antes se
programaban de forma secuencial tuvieron que ejecutarse en paralelo. Eso
habría sido imposible sin los compañeros del área de ingeniería de
control de procesos.
Además,
acortamos algunos pasos del proceso de filtración e incluso suprimimos
algunos. Así, conseguimos un rendimiento mucho mayor, lo que a su vez
tuvo consecuencias en el mantenimiento de un aparato de filtración
central. Otro problema fue el comportamiento diferente del nuevo
catalizador respecto al antiguo. El aparato de filtración tenía que
someterse a un mantenimiento más frecuente, lo que nos habría costado
valiosas horas de producción. No obstante, el equipo de mantenimiento
también encontró rápido una solución en este sentido para optimizar el
proceso. Por último, en la destilación pudimos ganar tiempo
prescindiendo de la etapa de enfriamiento.
¿Pensaron en algún momento que aquello no iba a funcionar?
Bueno,
siempre surgen dudas, pero todo se soluciona al final. También sufrimos
un atasco en la estación de llenado de los camiones cisterna que
transportan nuestro producto a los clientes. Una producción tan grande
como la nuestra no se podía gestionar con la suficiente rapidez. En el
peor de los casos, cuando el tanque de producto está lleno, la
producción se paraliza. En este caso, hubo que conectar rápidamente una
segunda estación de llenado ya existente.
Por
último, también había que disponer de una cantidad suficiente de
materias primas in situ. En las condiciones del año 2024, eso supuso un
esfuerzo titánico para el equipo de Supply Chain. Sin embargo, gracias
al gran compromiso de los compañeros, al final todo salió a pedir de
boca. Fue una sensación muy gratificante para todos nosotros, y seguimos
trabajando para optimizar aún más los procesos.
Roberta Montana
es
ingeniera química y trabaja en la sede de LANXESS en Latina desde 2019.
Ella dirigió la implementación del catalizador: «Fue un proceso
emocionante, porque al principio no sabíamos si funcionaría, pero
conseguimos demostrar de qué somos capaces».